miércoles, 23 de septiembre de 2009

La historia de mi Yo Gorda.

Desde que recuerdo mi gran obsesión es mi (gran) cuerpo. Fui siempre de las más altas del salón (por mucho) y eso me causaba grandes conflictos. En el jardín de niños usaba una banca de primaria porque las bancas de kinder eran demasiado pequeñas para mis piernas. Mi banca era negra en un mar naranja. Y eso me hacía odiar a mis piernas.

Después, cuando tenía unos 11 años, mi cadera comenzó a desarrollarse, y entonces ya no me quedaba la ropa que vendían en el departamento de niñas. A los 12 años tenía un cuerpo de mujer y un cerebro de niña. En la clase de ballet, dejé de ser la solista y no entendía la razón (de hecho, no fue sino hasta los quince años que lo hice) de que las niñas que no tenían ni la técnica ni el estilo mío estuvieran al frente en los eventos cuando yo era quien ponía el ejemplo en clase. 

Mi primera visita a un centro de adelgazamiento fue a los 13 años. Recuerdo todo como si fuera ayer. Me midieron y me pesaron (talla 7 con 64 kilos) y definieron que para mi edad y mi altura (1.68 como el día de hoy) estaba con sobrepeso, y que lo ideal sería que pesara 58 para no sobrepasar la famosa barrera de los 60.
Era un sistema alucinado, no podías ni untarte crema, porque la grasa de ésta se podía filtrar al cuerpo (¡¡¿?!!) y me inyectaban "aminoácidos" que "ayudaban" a deshacer la grasa. Mi lista de comida permitida tenía como 5 renglones (incluyendo agua o té libre...) y la de comida prohibida era como un pergamino del Mar Muerto.


Por supuesto que en esa época, con más de 15 horas de ejercicio a la semana y un metabolismo perfecto lo logré en menos de dos meses (¡Albricias!) y fui feliz.


El domingo después de que me dieron "de alta" fuí a casa de mis abuelos, con una blusa blanca y mi nuevo pantalón talla 3 (el único de mi vida) radiante de la felicidad.


Mi abuelo me recibió en la puerta del edificio y su cara se petrificó, como si hubiese visto a un fantasma. Me preguntó si estaba enferma. Le dije que no, que había adelgazado para verme mejor, y me dijo que nunca me había visto más fea en la vida. Que esperaba que me mejorara y que me dejara de estupideces.


Muy confuso.



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