lunes, 28 de septiembre de 2009

Quinceañera

Cuando pienso en los recuerdos de los años de mi adolescencia, el tema común es mi preocupación por mis 'inmensos' muslos y mis diminutos pechos. Mi cuerpo parecía (según yo, claro) el resultado de un experimento científico o de diseño donde pegas dos partes que no van. Talla 5 arriba y talla 9 abajo, y nada que hacer.
Recuerdo estar en la playa con un pareo e-n-o-r-m-e para que nadie fuera a ver eso tan horrible que estaba de mi cadera para abajo. Si alguien me hacía un cumplido de mis 'piernotas' yo me imaginaba que era un cumplido tipo carnicería (esto si alcanza...) y me sentía terriblemente mal.


Quería comprar ropa en las tiendas de moda donde iban mis amigas (¡Abajo Sexy Jeans!) y nada más no había manera de entrar en esos jeans ultra pegados, o en esas mallas tan sexy que se llevaban en mi época. 


La única vez que me sentí realmente pequeña fue en mi primer viaje a Europa del norte. En una tienda en Suecia descubrí que era talla EXTRACHICA. Me sentí feliz y compré mucha ropa.


En esa epoca bailaba 4 veces por semana (jazz, tap, etc.) y tenía piernas firmes y hermosas.


Cuando entré en la universidad dejé de bailar. Mi talla subió a 11 abajo y 9 arriba, mis músculos de las piernas mantuvieron la forma, pero empecé a tener algunos efectos terribles de no hacer ejercicio, celulitis, falta de tono.

La verdad no me preocupaba demasiado. Después de todo, mi cuerpo era tan horrible que yo me estaba dedicando a mejorar mi cerebro, para ser una doctora. Nunca me iba a casar, así que no necesitaba gustarle a nadie físicamente.



Durante esta época tuve decenas de novios y suspirantes, y todos hablaban de mi hermosa cara, y me respetaban totalmente (sólo besos y caricias, es decir...)





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